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SE ADELANTA LA PRÓXIMA CONVOCATORIA: MIÉRCOLES 5 DE SEPTIEMBRE DE 2018

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COMUNICADO FINAL CEUTA 2015


Lo primero, constatar que, aunque somos de ciudades con diversas lenguas, tradiciones y culturas, todos enfocamos, analizamos y trabajamos en el ámbito de las migraciones con instrumentos comunes; nos sentimos en armonía y comunión.


Somos conscientes que en nuestra sociedad, cuando se habla de inmigración, a nivel gubernamental, jurídico y en los medios de comunicación, se hace a menudo de forma negativa. Muy pocas veces se reconoce públicamente el valor positivo y la riqueza que conlleva la inmigración para Europa: la capacidad social y económica de muchas comunidades extranjeras están construyendo con nosotros, desde hace por lo menos treinta años, el nuevo rostro de los países europeos.

En una sociedad cada vez más globalizada, la dignidad humana es esclava de la economía: vivimos la paradoja de una libre circulación de mercancías, dinero e información, y en cambio ponemos serias dificultades a la libre circulación de las personas, especialmente de las que emigran desde las zonas más pobres y atormentadas del planeta. Las fronteras se han convertido en lugares de dolor y sufrimiento humano: los migrantes son víctimas de la trata de personas, la tortura y los viajes inhumanos. Además de las fronteras físicas, debemos reconocer otras “fronteras”, las barreras sociales, culturales y psicológicas, que hacen más difícil la construcción de una cohesión social y fomentan la xenofobia, los prejuicios, los miedos y los estereotipos paralizantes. A todo esto se añaden las lentas burocracias con las que las administraciones de los países europeos afrontan los problemas y conflictos que genera la inmigración: la utilización de instrumentos del siglo XX para responder a un fenómeno en constante cambio en pleno siglo XXI impide gestionar correctamente un fenómeno tan complejo.

Todo ello nos lleva a denunciar, desde el punto de vista social, el fomento de los prejuicios racistas sin ninguna base y la indiferencia ante el dolor de los que se ven obligados a abandonar su país de origen por causa de la guerra, la persecución, el hambre..

Desde el punto de vista administrativo, señalamos el peligro de una política europea de migración restrictiva y limitante de los derechos de los inmigrantes, que se acompaña de un aumento de la violencia policial en la frontera, sin el respeto de los acuerdos internacionales y la protección de los derechos de los refugiados y solicitantes de asilo (por ejemplo, con la práctica de la expulsión inmediata, también llamada “devolución en caliente”). Por último, nos gustaría recordar la desatención y superficialidad con la que se aborda el tema de la reunificación familiar, a menudo causando separaciones traumáticas dentro de las familias, sobre todo cuando hay niños que la legislación europea protege, al contrario que a sus padres, que como clandestinos no pueden permanecer en Europa.


En este punto, queremos proponer espacios de acogida, escucha y acompañamiento, donde las personas puedan compartir tranquilamente sus historias de vida; todo ello a sabiendas de la carga de trabajo y presión a la que se enfrentan algunos servicios a los migrantes. También proponemos espacios de encuentro donde se dé la palabra y la voz a los migrantes.


En el plano político internacional consideramos esencial que las leyes de inmigración se cumplan en cada estado de la Unión según las indicaciones europeas, que garantizan en gran medida los derechos de los migrantes. Para lograr este objetivo es necesario que los instrumentos de trabajo sean mejorados y el número de agentes en los servicios para los refugiados y solicitantes de asilo en las fronteras de Europa aumente, garantizando siempre también la presencia de observadores internacionales en defensa de los derechos humanos.


Finalmente, planteamos propuestas a nuestras comunidades cristianas: que nuestros servicios pastorales para los migrantes sean capaces de sensibilizar la sociedad local hacia lo ‘positivo de la Migración’ (Mons. Santiago Agrelo, obispo de Tánger), con el fin de romper los prejuicios y estereotipos, y reconocer la importancia social y la riqueza cultural, y de fe, que nos aportan las comunidades extranjeras. Proponemos que las comunidades cristianas se comprometan a incorporar en sus estructuras (consejos pastorales, catequesis, grupos de oración, movimientos, etc.) a un número creciente de fieles extranjeros, con el fin de enriquecer el diálogo, el intercambio mutuo y el crecimiento de una realidad cristiana multicultural.

En conclusión, queremos comprometernos a que las distintas ciudades europeas, y sus servicios de atención al migrante que representamos, mantengan una comunicación continua durante todo el año, con el fin de mantenernos informados acerca de la labor pastoral en cada ciudad, comunicándonos ideas, proyectos, materiales y actividades; así empezaremos a compartir las líneas comunes de pastoral con los inmigrantes y podremos comprobar los avances en nuestro encuentro anual. Con este fin, crearemos un sitio web o una página de Facebook (de mas fácil gestión), que nos pueda ayudar en el trabajo concreto de sensibilización, denuncia, y promoción de una sensibilidad multicultural que sea “globalización de la solidaridad” y enriquecimiento de nuestra común fe cristiana.


Concluimos con nuestro sincero agradecimiento a la Secretaría de Estado del Vaticano, en la persona del Cardenal Pietro Parolin y del Nuncio Apostólico Renzo Fratini, por haber enviado a nuestro encuentro en Ceuta el mensaje del Papa Francisco, que apoya y alienta a los responsables de los servicios de Pastoral y Asistencia a los Migrantes para que den valor a las ciudades fronterizas como lugar prioritario de encuentro, acogida y fraternidad, y de expresión de la misericordia de Dios. Al igual que en las intenciones del Santo Padre, también nosotros aseguramos nuestra oración por su labor al servicio de la Iglesia, así como nuestro compromiso diario para servir a las comunidades y hermanos de origen extranjero.

Ceuta, 11 de Marzo de 2015

 

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