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PRÓXIMA CONVOCATORIA: MIÉRCOLES 12 DE DICIEMBRE DE 2018

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PASCUA MISIONERA DEL MIGRANTE CEUTA 2015

 

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Esta también ha sido una Pascua Misionera, vivida con los Misioneros Javerianos. El misionero es el que sale al encuentro del otro, sale de su país, de su hábitat, de su lengua, para ir a anunciar a Cristo, su motivo esencial, y esto lo hace incluso con la simple presencia de su vida, porque debe hacer presente otra presencia, la de Jesucristo que vive y da sentido a la vida. Esta pascua ha tenido lugar, por lo que respecta a los inmigrantes en el Centro de migrantes San Antonio, institución de la Iglesia dependiente de la Delegación de Migraciones de Cádiz y Ceuta; y por lo que respecta a la vivencia del Triduo Pascual en la Parroquia Santa Beatriz de Silva, una comunidad bonita y pequeña que nos ha acogido como hermanos.

 

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La experiencia eclesial y de frontera que se vive en misiones en muchos países de África con la convivencia cotidiana con hermanos de otras religiones nos ha permitido hilvanar el caminar en esta Pascua Misionera del Migrante. En misiones el día del Ramadán los cristianos visitan a los hermanos musulmanes, de la misma manera el día de Navidad, toca a los musulmanes ir a visitar a los cristianos. Son días en el que se comparte con el otro y desde luego con el Otro. Son días de regocijo, y de alguna manera una especie de anticipación de lo que será el encuentro definitivo con nuestro Padre común que es Dios. Esto es lo que hemos vivido en una pequeña capsula durante tres días juntos.

 

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En esta Pascua del migrante, unos son inmigrantes y otros somos emigrantes. Unos han venido hacia nosotros, otros estamos invitados a emigrar de nuestros egoísmos, de lo nuestro, de los nuestros para ir al encuentro del otro. El Papa Francisco señala en el mensaje a los inmigrantes varias cosas importantes para nosotros los cristianos, es decir, para la Iglesia: “Jesucristo; su solicitud especial por los más vulnerables y excluidos nos invita a todos a cuidar a las personas más frágiles y a reconocer su rostro sufriente, sobre todo en las víctimas de las nuevas formas de pobreza y esclavitud.

El Señor dice: «Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme» (Mt 25,35-36).

Misión de la Iglesia, peregrina en la tierra y madre de todos, es por tanto amar a Jesucristo, adorarlo y amarlo, especialmente en los más pobres y desamparados; entre éstos, están ciertamente los emigrantes y los refugiados, que intentan dejar atrás difíciles condiciones de vida y todo tipo de peligros

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 Por las mañanas hemos vivido la Pascua con ellos en un sentido más humano: El amor el jueves santo, el dolor y sufrimiento el viernes santo, la esperanza y la alegría el sábado santo. Y esto lo hemos hecho con unas frases que han dado sentido: “Nuestro mundo será mejor si ponemos amor”. “En medio de las dificultades Dios está con nosotros”. “Te doy gracias Dios mío, porque fuiste mi salvación”. Aquí hemos compartido el dar y recibir cariño, el amar al otro y dejarse amar por el otro, el acercarse al otro y permitir que el otro venga a mi encuentro. Ahí está Jesús, ahí, en este encuentro.

Los chicos y chicas venidos de Madrid, Córdoba, Ávila, Murcia y Ceuta juntos con los chicos venidos de Guinea Konakry, Mali, Congo, Marruecos, Siria nos han permitido vivir una comida como será el Reino de Dios en la mesa del Padre, ahí todos seremos hermanos y viviremos su amor como don para vivir en ello. Cristo murió por todos, para reunir en una sola familia a todos los hijos dispersos por el Padre. Esto ya se va realizando cuando inspirados por la infinita misericordia y amor de Cristo por la humanidad nos ponemos a tratar de vivir lo mismo.

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Es lo que hemos hecho, ha sido precioso, nos hemos aventurado en la aventura humana y confiando en Dios, en la aventura del encuentro con el otro. Así lo ha hecho Jesús, así hemos querido hacerlo nosotros. El primer día, la frase Nuestro mundo será mejor si ponemos amor, nos ha permitido vivir el sentido del compartir juntos la comida, pero precioso también el día en que hemos compartido nuestros dolores y hemos descubierto que ahí Dios no nos ha dejado solos. Él es amor y nos acompaña no solo en los buenos momentos sino en los de sufrimiento, muerte y sin sentido. Ellos agradecían a Dios por todo y a nosotros por venir y vivir esta nueva fraternidad. Nosotros nos hemos dejado sorprender por su fe, ánimo y acercamiento tan humano que nos han descubierto en sus rostros el de Cristo mismo.

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